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Historia

País:   España
Com. Autónoma:   Aragón
Provincia:   Zaragoza
Comarca:   Zaragoza 
Superficie: 967,065 km²
Fundación: 24 a. C.
Población: 666.129 hab.
Densidad: 688,82 hab/km²
Gentilicio: zaragozano/a

La ciudad de Zaragoza, es la capital de la Comunidad Autónoma de Aragón y de la provincia de Zaragoza. Es la quinta ciudad española en población (666.129 habitantes empadronados a 1 de enero de 2008 según INE) y la cuarta en actividad económica. Su nombre actual procede del antiguo topónimo romano, Caesaraugusta, nombre que recibió en honor al emperador César Augusto en el 14 a. C., y que llegó a nuestros días a través del árabe Saraqusta. Está a orillas de los ríos Ebro, Huerva y Gállego y del Canal Imperial de Aragón, en el centro de un amplio valle.

Su privilegiada situación geográfica —a unos 300 km de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y Toulouse— la convierte en un importante nudo de comunicaciones.

La ciudad ostenta los títulos de Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Muy Benéfica, Siempre Heroica e Inmortal, otorgados tras su resistencia frente al ejército napoleónico en los sitios de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia. Todos estos títulos quedan reflejados en su escudo, mediante las iniciales de cada uno de ellos.

Celebra su fiesta mayor en honor a la Virgen del Pilar el 12 de octubre.

Entre el 14 de junio y el 14 de septiembre de 2008, año del bicentenario de los Sitios de Zaragoza y centenario de la exposición Hispano-Francesa de 1908, Zaragoza acogió la exposición internacional Expo Zaragoza 2008 dedicada al agua y el desarrollo sostenible.

Hacia el año 15 adC, se fundaba la ciudad romana de Zaragoza. Coincidía con la reorganización de las provincias de Hispania por César Augusto tras su victoria en las Guerras Cántabras.

Colonia Caesar Augusta era el nombre que recibía la nueva ciudad, que gozaba del privilegio de ostentar el nombre completo de su fundador, quien encomendó su deductio, como otras muchas tareas del Imperio, a su yerno Agripa.

En la fundación de la ciudad, participaron soldados veteranos de las legiones IV Macedonica, VI Victrix y X Gemina, licenciados tras la dura campaña contra los Cántabros, con la doble intención de garantizar la defensa del territorio a la vez que fijar en él la presencia de Roma. Zaragoza contaba con el título de Colonia Inmune, lo que hacía que disfrutase de determinados privilegios como el derecho a acuñar moneda o la exención del pago de impuestos. Los nuevos ciudadnos fueron adscritos a la tribu Aniense.

En el proceso de reorganización de territorios Hispanos, se crean tres provincias, Tarraconensis, Baetica y Lvsitania, divididas en conventos jurídicos (distritos menores con funciones judiciales y administrativas); de ellos, el regido por Caesarugusta, el Convento Jurídico Caesaraugustano, era el más extenso de los siete en los que se dividía la provincia Tarraconense. Caesaraugusta asumió desde un primer momento el papel de cabecera regional, sustituyendo a la colonia Victrix Ivlia Celsa (Velilla de Ebro).

El periodo de mayor apogeo de la ciudad (siglos I y II) trajo consigo muchas de las grandes obras públicas, de las que aún hoy podemos ver algunas: el foro, el puerto fluvial (que convirtió a Caesarugusta en el principal redistribuidor de mercancías en el valle del Ebro), las termas públicas, el teatro, el anfiteatro, el primer puente de la ciudad (situado en el emplazamiento del actual puente de Piedra y que probablemente era una obra mixta de piedra y madera).

El agua también ha representado un importante papel en la Zaragoza romana, tanto por su situación a orillas del río Ebro y junto a la desembocadura del Huerva y el Gállego como por sus complejos sistemas de abastecimiento y regadío. Junto a las ya mencionadas termas, se han documentado multitud de aljibes, fuentes y diversos tramos de tuberías de plomo y saneamiento.

Llega el siglo III, la construcción de una imponente muralla y el abandono de las grandes obras públicas denotan el importante proceso de crisis en el mundo romano (segunda mitad del siglo III). El comercio y la vida en Caesaraugusta no decaen y ayudan al florecimiento cultural de la misma.

A lo largo del siglo V, Caesaraugusta, al igual que todo Occidente romano, se ve inmersa en un proceso de desintegración del poder imperial

Hacia el 409 suevos, alanos y vándalos llegaban a la Península. Zaragoza seguía manteniéndose como ciudad romana a principios del siglo V y, gracias a las imponentes murallas, pudo defenderse de cuantos la atacaron, protegida por soldados veteranos y collegia iuvenum. Cuando en el 411 Flavio Honorio consiguió derrotar la sublevación Constantino III, en Hispania tan sólo consiguió mantener el control de la Tarraconense, que incluía el convento Caesaraugustano, el resto se perdió en manos de los bárbaros germanos. Entre el 441 y el 454 el valle del Ebro se vio azotado por los bagaudas, de los que Zaragoza se libró gracias de nuevo a las murallas y a la intervención del ejército visigodo, todavía bajo obediencia romana.

Finalmente, en el 472 el ejército visigodo al mando del conde Gauteric toma la ciudad en nombre del rey Eurico, pasando a formar parte del reino visigodo de Tolosa. La ciudad mantuvo en gran parte sus costumbres romanas y en el 504 todavía se celebraban juegos circenses.

En el 541 el ejército franco de Childeberto I y Clotario, después de haber expulsado a los visigodos de Galia, se dirigieron hacia el sur y asediaron Zaragoza. El asedio duró dos meses, ya que como no conseguían rendirla con las armas, lo intentaron por hambre. La leyenda quiere que los ciudadanos, para proteger la ciudad, paseaban por las murallas la milagrosa túnica de San Vicente Mártir. Los francos, ya convertidos al catolicismo, habrían aceptado levantar el asedio a cambio de la estola de San Vicente, que Childeberto llevaría de vuelta a París para depositarla en una iglesia relicario construida con ese propósito, que con el tiempo se convertiría en la abadía de Saint-Germain des Prés. Las consecuencias del asedio fueron hambre y enfermedades, que se extendieron por la ciudad, en arte por la destrucción de los cultivos de los alrededores.





Hacia finales del siglo VI, Leovigildo convenció a Vicente II (572-586), obispo de Zaragoza, para que se convirtiera al arrianismo. El escándalo fue mayúsculo y se mantuvo hasta la conversión oficial de los visigodos al catolicismo en el concilio de Toledo de 589. En el siglo VII, la ciudad tuvo un relativo florecimiento cultural gracias a una serie de grandes obispos, Juan II, Braulio, Tajón y Valderedo vinculados al monasterio de Santa Engracia, que poseía una importante biblioteca. Así Zaragoza se convierte en uno de los centros culturales de Hispania, junto con la Sevilla de San Isidoro y la Toledo de San Eugenio. Braulio, obispo de Zaragoza, también escribió el Liber Iudiciorum, que eliminaba la diferencia jurídica entre hispanorromanos y visigodos y que fue promulgada por Recesvinto.

La ciudad fue de nuevo protagonista en la disputa por el trono entre Suintila y Sisenando. Suintila se refugió en Zaragoza contra las tropas de Sisenando, que, ayudados por un ejército mercenario franco, sitiaron la ciudad. No consiguieron tomarla por las armas, pero deserciones y traiciones llevaron a Suintila a rendirse, con lo que Sisenando se proclamó rey en la ciudad

Desde el 714, la ciudad pertenece al Califato de Córdoba y fue un puesto avanzado en la lucha contra los reinos cristianos del norte, denominado Marca Superior, que gozó de relativa independencia. Fue gobernado en la segunda mitad del siglo X por una dinastía de origen muladí que tenía lazos de sangre con los Íñigo Arista de Pamplona, los Banu Qasi.

Tras la guerra civil (fitna) en Córdoba, a principios del siglo XI, el poder central desapareció y esto condujo a la caída del Califato y la constitución de estados independientes o taifas. Así ocurrió con la antigua Marca Superior o Zagr Alandalus, que ocupaba los territorios del valle medio del Ebro y cuya capital era Zaragoza.

Este reino fue uno de los más brillantes de al-Andalus y permaneció independiente durante casi un siglo. Los tuyibíes, clientes de los omeyas, fueron los primeros reyes de la Taifa de Zaragoza hasta 1038, en que los Banu Hud llegaron al poder y llevaron al Reino de Zaragoza a su máximo esplendor político y cultural. La ciudad era uno de los más importantes centros comerciales de la Europa occidental, con una población que pudo alcanzar los 25.000 habitantes en el último cuarto del siglo XI. Bajo la monarquía de Ahmad I Al-Muqtadir, sus dominios se extendían hasta la actual Alicante por el sur y hasta la actual provincia de Tarragona por el norte, siendo el régulo de Valencia vasallo de Zaragoza. La obra más señera de esta época es el Palacio de la Aljafería, construido bajo el reinado de Al-Muqtadir. Quizá también lo sean las torres de la Magdalena, San Pablo y parte inferior de la de San Gil, así como el Muro de la Parroquieta, obra de Salama bin Galb.En todo caso, la mayoría de los estuiosos mantienen que estos edificios son obra mudéjar del siglo XIV, en el caso de la Parroquieta la construcción corrió a cargo del maestro de obras Miguel del Cellero, y en ella trabajaron artífices mudéjares de Aragón y Sevilla, como los azulejeros Garci Sánchez y Lop.

En 1110 fue ocupada por los almorávides, aunque mantuvieron gobernadores que gozaron de cierta independencia hasta 1118, el año de la ocupación cristiana por parte de Alfonso el Batallador.

Se producen en el año 1591. El desencadenante es uno de los secretarios del reino, gobernado por Felipe II, llamado Antonio Pérez. Tras disputas palaciegas Felipe II ordena la detención de Pérez por un asesinato. Antonio Pérez, que vivió en Nápoles, por aquel entonces perteneciente a la Corona Aragonesa, era conocedor de un derecho particular de los Fueros Aragoneses: el derecho de Manifestación. Este derecho diferente en su proceso al resto y oponible al resto de instancias, salvo la Inquisición, era jurisdicción única del Justicia de Aragón. La llegada a Zaragoza de Pérez, y su llamada al derecho de manifestación, provocó un tumulto en la Plaza del Palacio de Justicia, y en aquel tumulto falleció el Justicia Juan de Lanuza IV (El Viejo). Le sucedió su hijo Juan de Lanuza V (El joven) que continuó con el proceso de Perez.

Desde la nueva capital Felipe II observaba impotente la situación, por lo que tuvo que recurrir a la Inquisición para controlar el proceso a Pérez. Así que la Inquisición tomó a Perez y le encarceló en la cárcel de la Aljafería. El pueblo ante el arrestó reaccionó violentamente asaltando la Aljafería, tomando a Pérez, y poniéndolo a disposición del Justicia de Aragón. El pueblo vio en la acción del rey una vulneración de sus Fueros y Costumbres que el Rey había jurado cumplir al subir al trono

Ante la sublevación general de Zaragoza, Felipe II decide emplear la fuerza y manda un ejército para ocupar Zaragoza. El pueblo mal organizado le intentó hacer frente, pero fue inútil. El ejército de Felipe II entró en la capital a finales de 1591, apresando al Justicia y a los afines a la revuelta. El desenlace fue la pena de muerte para El Justicia el 20 de diciembre de 1591. Aquel día se recuerda como "el más triste para Aragón". En las Cortes del año posterior en Tarazona, Aragón perdió parte de sus privilegios

Durante la invasión napoleónica de España, la plaza de Zaragoza sufrió dos asedios conocidos como Los Sitios de Zaragoza.

La ciudad inicialmente fiel al rey (y por lo tanto al ejército francés debido a los pactos entre España y Francia) al conocer la abdicación de Fernando VII, se sublevó, capturando el castillo de la Aljafería, apoderándose de las armas que en ella había y nombrando al general Palafox comandante.

Cuando el ejército francés trató de ocupar de nuevo Zaragoza, esta opuso una enconada resistencia, quedando prácticamente destruida (de 55.000 habitantes pasó a 12.000).

En la Guerra Civil, Zaragoza fue un centro del levantamiento militar de la Guardia Civil el 17 de julio de 1936, al inicio de la Guerra Civil Española, por lo que fue un foco del bando nacional o franquista contra el bando republicano.

El año 2008 se convierte en uno de los más importantes en la historia de la ciudad de Zaragoza puesto que es sede de unos de los eventos internacionales más importantes como la Exposición Internacional 2008.

 

 
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