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El creador de Tuenti, Zaryn Dentzel, reflexionaba sobre su experiencia: “En España se enseñan lenguajes de programación de hace 20 años…”. Si sólo fuera eso… Acto seguido, un ruido ensordecedor enmudecía al auditorio del Palacio de Congresos de Zaragoza, inaugurado hace apenas un año con motivo de la Expo dedicada al agua. Un panel de madera de dos por un metro, recubierto de metal, se había desprendido del techo y dibujado un picado de 30 metros que acabó apenas una fila detrás de las cámaras de televisión y de la posición ocupada por los medios de prensa. No pasó nada, pero falto poco.
Directivos del Instituto de la Empresa Familiar (IEF), institución que agrupa a 100 de las más importantes fortunas de este país y que celebraba su Congreso anual en el auditorio, se movilizan con diligencia mientras la mesa redonda en marcha continúa. En el cónclave también siguen gran parte de los 400 empresarios que han asistido al evento. En este mismo momento, fuentes de Mercadona aseguran a El Confidencial que se ha aconsejado a Juan Roig, presidente de la cadena, que no entre en la sala. También espera Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la patronal CEOE. Hay que evitar males mayores.
Fuera, se inician las conversaciones entre miembros del IEF y responsables del recinto, que garantizan que “no se caerá ni una placa más”. La realidad no ofrece tantas certezas. Al hablar con el arquitecto, éste recomienda a un miembro del Instituto que se desaloje el auditorio y se utilice una de las salas superiores para continuar con la jornada, en la que faltan por intervenir Ana Patricia Botín, José Blanco y Mariano Rajoy. Nadie quiere arriesgarse. Eso sí, el nuevo recinto apenas tiene una cuarta parte del aforo, lo que no sólo desluce la reunión sino que genera enorme malestar entre los empresarios, que han conseguido reunir un plantel de lujo.
Falta de cuidado y mantenimiento
Según parece, el viento se ha llevado toda la cubierta del Palacio de Congresos, lo que ha afectado a las placas del techo. En el fondo, sólo es la gota que colma el vaso tras dos días de frío intenso en el vestíbulo del Palacio. El propio presidente del IEF, Simón Pedro Barceló, adoptó un llamativo chaleco azul para soportar mejor la dureza del clima. La falta de cuidado y de mantenimiento en el recinto alcanza a los baños, donde en buena parte del primer día no dejó de correr el agua en los grifos estuvieran éstos abiertos o no. Justo un año después de que no muy lejos se propugnase con convicción el ahorro de tan preciado bien.
¿Se puede permitir Zaragoza esa dejadez en lo que no deja de ser un polo de atracción de inversión y de turismo de negocios? Parece que sí. Y eso que no se reparó en gastos a la hora de levantar el citado Palacio de Congresos, un gigante de 167 metros de longitud y 34 de altura máxima, que ocupa 22.000 metros cuadrados. Todo un reto para crear un “edificio con un diseño arquitectónico emblemático”, que diseñaron Enrique Sobejano y Fuensanta Nieto. El proyecto inicial arrancó con un presupuesto de 3,1 millones de euros. No costaría menos. Demasiado dinero para dejarlo morir.
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